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French Harina

  • forbes

    abril 7th, 2024

    Después de la guerra nuclear sólo sobrevivieron los billonarios de las antiguas empresas tecnológicas. Un grupo pequeñito de ególatras que se refugiaron en sus respectivos búnkeres en un desierto de Chile. Una zona, preciosa, escogida previamente con tiento, porque sabían que la nube radioactiva probablemente no llegase hasta allí. Poco a poco, fueron abriendo las compuertas, y se dieron cuenta de que no quedaba nadie. Salvo ellos mismos. Y, por lo tanto, su fortuna ya no valía nada. No importaba ser el hombre más rico del mundo en un mundo que ya no existía. Así que empezaron a matarse. Unos a otros. En una lista Forbes necrológica. En la que el último superviviente acabó siendo el hombre más pobre del mundo.

  • patillas

    abril 6th, 2024

    Puedo seguir chupando las patillas de las gafas de sol mientras asiento, muy atento, a tu conversación. Pensando que tus argumentos son planos y carecen de brillo, como esta patilla cada vez más mate y seca, probablemente por la grasa, el tiempo, y el mar, pero exquisitamente adictiva con el sabor del limpiacristales con el que he intentado limpiarlas, precipitadamente, poco antes de salir de casa, y que ahora no puedo dejar de chupar, porque ese toque cítrico me recuerda a un taco mexicano mezclado con bourbon, así que sigo moviendo la cabeza, fingiendo que escucho frases llenas de palabras que no oigo, en una conversación que no nos lleva a ningún sitio, salvo al centro de mis papilas gustativas. Hasta que dices. ¿Qué te parece? Y lo único que consigo decir es. El cristasol está buenísimo.

  • capucha

    diciembre 9th, 2023

    Tus ojos al final del túnel de tu capucha. Mientras el resto de almas quedan en el arcén. Invisibles a nuestro campo de visión. O, al menos, al mío. Una risa nerviosa y lágrimas hacia dentro. Pero todo es inapreciable. Porque aún no hay cámaras en el interior de mi cabeza. Llevaba meses sin verte. Supongo que más o menos el mismo tiempo que sin mirarte a los ojos. Hacía frío. Un viento ácrata. Que se hubiera llevado las palabras. O eso me digo, para intentar entender por qué no hablamos. Una vez más. Un mutismo taxidermista que ha colgado mi alma en la pared del salón. Ojalá pudiera escribir un poema a toda esta incomprensión. Pero nunca he escrito un buen poema. Aunque creo que podría convertir toda esta incomprensión en electricidad. E iluminar un planeta entero. El de las malas decisiones. Que erizan el vello de los antebrazos con electricidad estática. La luz al final del túnel no es tu capucha. Es la calle húmeda que desemboca en el mar. Que me ha helado los huesos. Al salir del bar.

  • chamán

    agosto 5th, 2023

    Toda la juventud de Claudia me envejece. Tiene 12 años y ya es más lista que yo. Es más precisa en el lenguaje. Más madura en los sentimientos. Utiliza mejor los adverbios. En la foto ella sonríe al futuro. Y yo al pasado. Ella mira a la cámara. Y yo la miro a ella. Me da consejos que suenan a frases hechas, pienso, aunque lo dice tan convencida que suenan verosímiles. Parece un espíritu viejo, que dirían los chamanes. Como si ya hubiera vivido un par o tres vidas, y tuviese respuestas simples para problemas que serpentean en el desierto de mi cabeza. Se ha reído mucho cuando se lo he dicho. Después se ha callado y puesto muy seria. Parecía una actuación. Quizá lo fuera. Pero ha dicho. Creía que no iba a llegar nunca este momento, y lo siento, pero deberías afeitarte las patillas. Te envejecen. Y justo en ese momento, según lo decía y pronunciaba, se me ha oxidado, un poquito más, la aorta del lagrimal. Después, al mirar la foto, me he dado cuenta de que las canas en las patillas se estaban convirtiendo en una enredadera de decrepitud.

  • out

    agosto 3rd, 2023

    Veo a tus hijos, pequeños como las pelotas de tenis que intentan golpear, y pienso en cuando éramos nosotros los que entrenábamos. Te veo a ti, ilusionada al otro lado de la valla. Y veo al entrenador, que parece un santo, recoger pelotas y colocar conitos de colores. Tienes tres hijos, un perro y medio, un marido que sonríe, y un descapotable al que apenas se le encasquilla la capota. La pinta es muy buena, como la empuñadura de tu hija pequeña. El zurdo tiene carácter y buena muñeca; un pequeño Mcenroe. Y, bueno, el último parece muy simpático. Y yo sigo aquí, en el pasado creyendo que existiría un futuro en el que, si entrenaba mucho y dejaba de tirar la raqueta, algún día llegaría a ser un buen tenista. Y después de eso tendría hijos, perros, descapotables, y alguien que me sonriera. Sigo siendo un niño. Pero he envejecido tanto que ahora también soy el juez de silla. Que le canta fuera todas las pelotas al niño que creía que algún día llegaría. Out.

  • fragile hotel

    agosto 1st, 2023

    En realidad, era una premonición, supongo, de lo frágil que es todo. Como una ramita en las manos de un niño con apenas prensilidad, que sin saber cómo aumenta la presión y parte la rama. Y ante la incomprensión de lo que ha sucedido, se mete media ramita en la boca y la chupa, como si eso pudiera recomponer las cosas, o disimularlas. Como el silencio en las habitaciones de un precioso hotelito de paredes blancas, completamente vacío, interrumpido violentamente por una tromba de agua de un cuarto de día. Un caudal de agua que podría inundar la isla y desbordar la bañera, en un parpadeo, que seguramente es la unidad de tiempo en la que se miden las cosas, o las desgracias, a posteriori. El aguacero en el desfiladero, los pies resbaladizos, la voz desorientada del GPS. En cuanto el avión despega, la tromba de agua se acelera, enterrando nuestros cadáveres bajo la tierra en la que pensábamos envejecer. En el hilo musical de clase turista suena Fragile Tension de Depeche Mode. All we will seem to reek on the edge of collapse. Nothing can keep us down.

  • conos

    julio 31st, 2023

    Conduzco sin saber muy bien hacia donde en uno de esos coches que lo hacen casi todo por ti. Excepto vivir. Consigo relajarme de puro aburrimiento. De pasividad. De irrealidad al ver pasar árboles, adelantar a cualquiera, y ver cómo cambia de color la línea continua. Ni siquiera sé en qué país estoy. Si es que existe un país más allá de mi cabeza. Pienso en todo lo que podría pasar mal en un coche y en cierto modo me relaja. La sensación de hacer kilómetros sin conducir demasiado es similar a la de ver pasar los días sin sentir demasiado. Los días pasan, las cosas suceden, y simplemente dejas que la nave que no pilotas te lleve a la próxima galaxia. Viajas casi a la velocidad de la luz, pero no te apetece sacar la mano por la ventanilla para acariciar las estrellas. Porque ahí fuera todo pincha y hiere si estiras demasiado el brazo. Preferiría que el coche no hiciera nada por mí, pero sí vivir. Que me dejase conducir, pasar las marchas, arañar el embrague, y que no pitase cuando no le guste mi forma de acelerar. Y él se limitara a tomar mis decisiones vitales. Todas las demás. Que tanto miedo y pereza me dan. Y llevo esquivando como conos en una carretera cortada.

  • The eyes, chico.

    julio 30th, 2023

    The eyes, chico, they never lie. Supongo que Al Pacino tenía razón. Pero los ojos, primero tienen que encontrarse. Entre las columnas en las que se conocieron. Cuando una mirada no era nada o, al menos, no lo suficiente. Recuerdo la escena del descapotable. Las letras de los subtítulos. Tu mirada. Las mil formas que tenemos de esquivarnos. Si los ojos no se encuentran es porque saben que no van a poder mentir. O porque los finales acaban siendo trágicos y dolorosos. Y al final todos necesitamos apartar la mirada. Escribo sin demasiada convicción, quizá porque últimamente vivo sin convicción. Me huelen las manos a cloro. En la piscina todo el mundo parece feliz. Aparto la mirada de cualquiera. En el fondo de la piscina, los recuerdos bailan proyectados desde el brillo de la superficie. The eyes, chico, they never lie.

  • cámara

    julio 28th, 2023

    No he vuelto a tocar la cámara. No me atrevo. A veces, como los antiguos indígenas, pienso que los objetos tienen alma. Está junto a la mochila y no sé si llevarla conmigo o no. Pienso también que, si tiene alma, debería meterse ella misma, por sus propios medios. Recuerdo la persona que era cuando la estrené. Había hojas en el suelo y viento en las calles. Hacía fotos en blanco y negro. Volvía ilusionado a casa para ver cómo habían quedado. Me sentía como un niño, como un reportero de guerra, como un imbécil de ciudad. Ninguna foto sería lo suficientemente buena para contar una historia. Pero yo seguía disparando. Cada vez que escuchaba el ruido del espejo, sonreía. Y eso ya vale un millón de revelados, aunque sean digitales. Me he dado cuenta de que ninguna de las fotos que hice explica una historia. Que la historia en sí misma es la de la propia cámara. Que no me ha dejado de mirar durante estos meses. Y quién sabe si ha ido fotografiando mi involución. En silencio. Y ahora piensa que apenas queda alma dentro de mí. Y que debería vaciar la tarjeta de memoria.

  • Xụ

    julio 27th, 2023

    Estando yo no demasiado fino nadie lo veía mínimamente claro. Quédate en casa y ya si eso el año que viene. No te vayas solo y lejos. Y menos a un sitio en el que te puede matar casi cualquier cosa que comas. Podía estar más o menos de acuerdo, pero ir acompañado sólo podía servir para acelerar la repatriación si las cosas se ponían feas. A priori era un viaje fácil que no debería dar más problemas que mi propia pena y el peligro de la comida. Había recuperado un viejo miedo, estúpido, claro, pero que me impedía volar. Pero aun así decidí que tenía que hacerlo. Si era capaz de fingir que sabía qué hacía cuando boxeaba, podía fingir que entendía los mecanismos del Muay Thai. Así que entré en la librería para comprar otra guía para el mismo destino, como años atrás. Evite la odiosa Lonely. Pagué y salí a la calle. Como alguien reconfortado por una mentira propia. Estaba ojeando la guía y me cagó una paloma en el hombro derecho de la camisa floreada. Abrí la guía y desplegué el pequeño mapa de Bangkok que estaba pegado en la última página. Froté el mapa, con rabia, contra mi hombro, y vi cómo los restos de la tinta azul acabaron de darle un toque muy extraño a la camisa. Si yo fuera uno de esos causalistas, entendería que esa era una señal definitiva para quedarme en casa. Que la idea del viaje es una cagada.

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