• About

French Harina

  • diciembre 14th, 2024

    Nada que no pueda resolver un corte de pelo, una cerveza, un cuadro nuevo. Reconozco los síntomas. Es lo de siempre, me digo. Pero sé que no es así. He vuelto a boxear. Y eso nunca es buen síntoma.

    Llegué a casa. Aparqué. Y me quedé un rato con el motor encendido dentro del coche. Esperé a que acabase la canción que estaba sonando. No podía quitar las manos del volante. Como alguien que acaba de tener un accidente.

    Subí a casa. Me corté el pelo. Abrí una cerveza. Lloré en silencio. No tenía fuerzas ni para la rabia. Abrí el armario. Busqué todas tus cosas, que aún guardaba, y las fui depositando en una bolsa. Ni siquiera las rompí. No tenía fuerzas ni para la rabia.

    Bajé a la calle y un hombre que, vestido de papá Noel, buscaba en la basura me vio llorar. Supongo que todos los entierros tienen algo de cómico.

  • atolón

    diciembre 11th, 2024

    Veo las manchas de mala circulación en las piernas de una nonagenaria, como un atolón de islas, en un mapa de calor a vista de satélite. La adelanto, le doy los buenos días, le sonrío porque, en el fondo, me siento culpable al sobrarme tanta vida, tanta energía. He llegado de entrenar, me he duchado, voy rápido comiendo un plátano, de camino a tomar un café con alguien a quien quiero. Hace un sol helado. Un día precioso. La nonagenaria me sonríe desde el periscopio que emerge de su chepa. Qué suerte tengo, voy a ser eterno, pienso, en el tercer bocado al plátano, se me llena la boca de hebras y potasio. Una notificación simpática. Sonrío. Un coche se salta un stop. Me arrolla en el paso de cebra. Golpe fuerte en las costillas. Me doy un pequeño golpe en la cabeza. Dos micro desmayos rápidos. No consigo enfocar al cielo. Y lo único que escucho es la voz de la nonagenaria. Acercarse. Y decir. Ves cómo no hay que tener tanta prisa.

  • yemas

    diciembre 4th, 2024

    Veo cómo se desmigajan algunas vidas como comida de peces, que ondula como paracaidistas desmayados, hacia las miradas que boquean. Ayer soñé que follábamos, sin cariño, como dos cuerpos que se estrellan. He pensado en escribirte esta mañana, pero me he quedado mirando mi reflejo en la pecera. Los peces me miran sin saber quién soy, aunque en realidad yo ya no lo tengo muy claro. El proveedor que acaba muriendo de inanición. Supongo. He hundido la yema de los dedos, en el agua, para limpiarme los restos de comida. Como un gesto generoso. Aunque todo son migajas. Soy un tío despreciable. En el sueño no existía tu olor. Mis yemas no huelen a nada.

  • cga

    noviembre 16th, 2024

    Ha amanecido como en una peli de los ochenta. Muy naranja, sobre el mar. Se me pixela la vista al entornar los ojos, y pienso que quizá se asemeje más a un videojuego que a una película. Amanece en CGA, creo. Dejo la taza de café sobre la mesa helada, y dejo que el calor deshaga la escarcha en torno a la taza. La mesa, al rato, recupera la transparencia, y puedo ver al otro lado mi pie desnudo. No sé por qué no tengo frío. Creo que sigo dormido. Ni siquiera reconozco esta taza, ni esta silla, ni este pijama. Nos son mis contraventanas ni es mi casa. No sé dónde estoy. Apenas recuerdo quién soy. Un gato se ha posado junto a mí. Ha aterrizado como un pájaro despistado. Hemos visto amanecer juntos. Sus ojos son azules como en una peli de los ochenta.

  • puntiagudos

    noviembre 10th, 2024

    He encontrado los pendientes que te compré en la isla. Estaban envueltos en un bañador, junto a unas postales. Parecía un fardo. Algo ilegal. Algo secreto. Algo inapropiado en cualquier caso. Ahora que ya he asumido que no te los voy a poder regalar, he abierto el saquito que los contiene. Es suave. Y los pendientes puntiagudos. Creo que te hubieran gustado. Una mezcla extraña entre hippie, delicadamente pijo, sin molestar demasiado, pero que no se note la intención. Me he clavado la punta del pendiente un par de veces en el pulgar para que el recuerdo no duela demasiado. He pensado que quizá se los regale a mi sobrina. Todo le queda bien. Supongo que eso es la belleza o eso es la juventud. Qué frase tan mala. La quiero tanto que me doy cuenta de que no sé escribir sobre ella. He vuelto a guardar los pendientes en el saquito y los he envuelto en el bañador. Está acortonado. Supongo que llegué de la playa con el bañador húmedo y aquello me pareció buena idea. Eso explicaría por qué la tinta de las postales está corrida. Mejor así. No hay nada más triste que releer las postales que nunca enviaste.

  • barquito

    noviembre 9th, 2024

    Puedes coger toda esa soledad y plegarla como un barquito de papel. Así, varias veces, apretando fuerte el índice sobre el pulgar. Convirtiendo el papel en hojaldre de recuerdos. Mientras miras al techo y piensas en todos los errores, pero también en todo lo que has podido esquivar, que quizá te ha salvado la vida. Si es que en algún momento tu vida importa algo. Si es que en algún momento alguna vida importa algo. Y luego dejas el barquito de papel. En la bañera. Y ves cómo al principio flota y ondula. Gracioso y divertido como un perro recién nacido. Pero poco a poco el papel se va humedeciendo. Y va ablandando los pliegues. Hasta que el barquito se derrite y se hunde. Y piensas si la soledad es necesaria. Mientras se vacía la bañera. Y te quedas mirando cómo las pompas de jabón explotan. Solas. En el fondo. Y la única voz que escuchas en casa es la de Alexa. Que te pregunta. ¿Quieres volver a escuchar esa canción?

  • cerillas

    noviembre 2nd, 2024

    Bajé a la librería a por un libro de Cristina Peri Rossi. Es una vergüenza, pero a día de hoy, aún no había leído nada que ella hubiera escrito. Escogí la nave de los locos. Me gustó la primera frase. En el sueño, recibía una orden. Siempre escogía así los libros. Hice cola para pagar. Había muchos niños con material escolar. En la calle llovía. No tenía prisa. Desvié la mirada de los niños y en una estantería vi postales de cumpleaños. Había una preciosa. Happy birthday. La tipografía era bonita. Y los colores, agresivamente, delicados. La cogí. 4,45€. Siempre tengo buen ojo con lo caro. Pagué. La metí en el libro como un marcapáginas. Y pensé que, en realidad, debería celebrar mi cumpleaños. Aunque no lo fuera. Pero acababa de comprar una postal preciosa. Me acerqué a la bodega y compré vino. Y una pequeña tarta en la panadería. Llegué a casa y me escribí algo bonito en la postal. Descorché el vino. Y pinché un par de cerillas en la tarta. Empecé a leer el libro. Y justo antes de encender las cerillas, recordé que antes celebraba el 2 de noviembre. Sin ser mi cumpleaños. Se me comió la pena. Y no pude probar la tarta.

  • cursor

    octubre 27th, 2024

    Esquivo medusas varadas en la orilla, a finales de octubre, bajo un sol de julio. Los pájaros migran en formación de cursor de Windows 3.11. Miro al cielo y pienso en ti, de un modo impreciso, como un sueño mal dibujado. El pájaro libre es un cursor en sí mismo, volará solo sin formar con nadie. Sonrío, mientras intento convencerme de que ya no te echo de menos. Se ha levantado viento. Las gotas de lluvia perforan la arena como brocas. Al principio puedes contar orificios, después la orilla se desmigaja. He vuelto a casa conduciendo rápido bajo la lluvia. No había nadie en la carretera, lo prometo. En una curva se me ha escapado el coche, y he estado a punto de estamparme contra un muro. He pensado en Ayrton Senna y en la muerte. No me hubiera importado, lo prometo. Sólo conduzco rápido cuando pienso que sólo puedo matarme a mí mismo. He llegado a casa, he limpiado la tierra de las suelas, y me he dado una ducha hirviendo. He preparado café, he calentado el codillo de ayer, y he seguido leyendo uno de esos libros que no quieres que se acaben. Debería volver a escribir.

  • el color del domingo

    octubre 7th, 2024

    Escucho una cuña en la radio sobre la muerte de Hemingway. Murió con 61 años, se pegó un tiro en la cabeza con su escopeta de caza. Dice una voz extrañamente dulce y optimista. Los últimos años bebía, probablemente, demasiado. Dejo que las palabras se escurran por el pequeño altavoz de la radio. Pero la tristeza está cayendo como un párpado a punto de quedarse dormido. Así que bajo el volumen de la vieja radio, poco a poco, hasta apagarla. Miro al horizonte y, como está atardeciendo, me veo reflejado en el mar de la ventana. El color del domingo es siempre el mismo. Y la frase suena en mi cabeza con la estúpida voz alegre de la cuña de radio. Apago la luz y doy un último trago. Nunca me han gustado las escopetas. Ni la caza. Ni siquiera Hemingway.

  • rue laffitte

    septiembre 24th, 2024

    Han convertido el piso de París en el que crecí en un Airbnb. El parqué que crujía bajo los pies de mi abuelo ya no existe. Han tirado abajo la preciosa chimenea que separaba el salón del dormitorio. Cuando éramos pequeños, Papa Noel entraba por ahí con ayuda del deshollinador. Han sustituido las fotos en blanco y negro de papá por cuadritos de colores con frases motivacionales escritas en inglés. El pequeño cuarto de baño blanco en el que me refugiaba a leer ahora tiene papel pintado fucsia y naranja. Han enterrado mis recuerdos en grifos dorados. 372 euros la noche más gastos de limpieza. Es un buen barrio. Era un gran piso. Lo he alquilado durante una semana. Voy a necesitar mucha pintura blanca.

←Página anterior
1 2 3 4 5 … 9
Siguiente página→

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • French Harina
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • French Harina
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra