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French Harina

  • mayo 26th, 2025

    Utilizaré una metáfora simplona y sangrienta.

    Si tú me dices que saque el brazo por la ventanilla, e insistes y me aconsejas hacerlo, es probable que lo acabe haciendo, porque confío en ti, eres una figura de autoridad para mí, y alguien a quien admiro. Y tú, a su vez, eres consciente del absoluto poder que tienes sobre mí.

    La responsabilidad será mía, claro, y un impulso eléctrico partirá de lo que queda de mi cerebro, atravesará nervios y autopistas, y moverá los músculos necesarios para que mi brazo penda del borde de la ventanilla.

    Y acariciaré el viento, y por un momento pensaré que tenías razón, pero en cuanto el túnel sesgue mi brazo, entenderé el tamaño del error, y me culparé de por vida, de haberte hecho caso, y no podré dejar de ver por el retrovisor mi brazo amputado, en un asfalto cada vez más lejano e irreal.

    Mientras me desangro de incomprensión sobre la tapicería, y tu me dirás que no es tan grave, que no te culpe de mis decisiones, y que aún me queda un brazo. Mientras coges con fuerza el volante. Con ambas manos.

  • mayo 25th, 2025

    Sólo es un niño jugando a fútbol solo a las cinco y media de la tarde de un domingo de casiverano. No es un gran jugador. Pero tira paredes imaginarias. Y celebra goles en su cabeza. Lleva una camiseta roja y nueva de un equipo inglés. Y a veces da un besito al escudo. Si el gol es lo suficientemente bueno levanta los brazos al cielo y sonríe a la grada de balcones que le estamos mirando. Me doy cuenta de que en realidad soy el único espectador así que aplaudo cada gol con verdadero entusiasmo porque la entrada es gratis y la tarde cada vez más corta. Recuerdo haber sido un niño que creía que tenía tiempo para todo. Yo también soñaba con ser futbolista. Pensaba que el lunes nunca llegaría.

  • abril 29th, 2025

    Veo la sombra de la toalla ondear al viento en el suelo de la terraza. Es un día apacible. Parece otoño en primavera. Estoy vistiéndome. Voy a ver a Claudia bailar ballet. La representación de puntas siempre coincide con el día que lo dejamos. Noto una punzada en el pulmón. Es sólo pena, me digo. Me he cambiado la camiseta, por si eso ayuda. He cogido la máquina de fotos. Claudia está maquillándose. Se ha hecho mayor. Yo me he hecho viejo. He disparado un par de veces al cielo. Los ajustes de luz, en el visor, parecen estar bien. Me he puesto las gafas de sol. No sé si acabaré llorando. Como cada 29 de abril. Por ti o por Claudia.

  • abril 9th, 2025

    Ha sido un día tristemente feliz. Me has llamado para explicarme que ayer nació tu hija. He respondido con una frase simpática y ocurrente que sólo tenía preparada desde tu quinto mes de embarazo, porque suponía que esta llamada acabaría llegando. Aunque uno nunca esté preparado para ciertas cosas. Cuando hemos colgado, tú habrás seguido mirando a tu hija, y quizá a tu marido. Y yo habré cerrado por fin el cajón en el que guardaba tu última foto.

    En realidad no me has llamado, claro, porque ninguno de los dos está preparado para escuchar la voz del otro. Pero a la literatura no le gusta pensar que la noticia ha llegado en esa paloma mensajera de whatsapp.

    En mi cabeza, la sonrisa de tu hija es tan dulce como la tuya.

  • mercurio

    marzo 15th, 2025

    He comprado una cafetera azul mercurio. La he comprado porque es bonita. O eso me he dicho, mientras la miraba. No era cara. Pero he dejado el resto de las cosas que llevaba en las manos y la he cogido. Es una cafetera preciosa, pensaba, mientras la giraba para ver cómo reaccionaba el azul ante la luz. Es una cafetera italiana. Yo, que ya no tengo paciencia para las cosas lentas. Que necesito el primer sorbo de café rápido, inmediato, en te menos uno. Pero que después puedo pasarme una hora mirando el azul de una cafetera. Por placer, por estética, sin ningún tipo de prisa contemplativa. En realidad sé que he comprado una cafetera italiana porque tú eres la última persona con la que bebía café así. Escuchábamos los borbotones. Y dejábamos que la mañana destruyera el tiempo. No ha sido porque es azul mercurio. Sólo ha sido nostalgia. Creo.

  • muda

    enero 14th, 2025

    En realidad el sueño es una película muda. Yo estoy estudiando química inorgánica en la cafetería de una estación. Seguramente podría ser Clapham Junction, pero como nunca hemos estado allí juntos, pensaré que es algún sitio inhóspito de Alemania. El sueño es en blanco y negro, por eso en seguida pienso que es un mal recuerdo, más que una película generada. Sueño con un suspenso juvenil como en cualquier pesadilla, aunque no sudo, o al menos hasta que apareces tú. Te escabulles de la muchedumbre de maletas y te cuelas bajo un par de abrigos. Y aparece tu sonrisa, en colores, pero también muda. Me acaricias el pelo sin tocarme y lanzas los ojos sobre la libreta. Me tiembla el pulso hasta que apartas la vista. Nos preguntamos con subtítulos qué ha sido de nosotros. Y encoges los hombros con dudapenacinismo, esta vez sin sonrisa. Te abres la chaqueta y pones mi mano sobre tu vientre. Estás embarazada, digo. Y embarazada es la única palabra que suena en la película muda. Y, probablemente, retumba en toda la estación. Me das un besoabrazo acurrucado al cuello. Y desapareces, de nuevo, entre los abrigos y las maletas. Después aparecen los créditos de la película. Y por fin entiendo que he suspendido el examen. Era una anunciación.

  • piti

    enero 13th, 2025

    He trabajado con Gadafi. Eso es lo que me ha dicho. Después me ha explicado que había sido marino mercante durante 13 años. Ya sabes, todos los mares, todas las vidas. El otro día nos cabreamos. Él me tiró un cigarro encendido desde el balcón. Y yo le pegué un par de voces. Hoy, nos hemos cruzado en la calle. Y me ha pedido perdón en un encantador acento gallego. Le he dado la mano, le digo que quien le debe una disculpa soy yo. Y noto cómo tiene la mano fuerte y dura como el casco de un buque. Y los ojos listos de quien ha visto todo el mundo. Y hemos hablado de Nueva Orleans. De la calle Bourbon. De que una acera eran clubes de jazz. Y la otra, locales de striptease. La merca la controlaban colombianos y puertorriqueños. En Libia no he tenido nunca ningún problema. Pero ya sabes, como aquí no se vive en ningún sitio. Le he dicho que debería escribir sobre su vida en el mar. Y que un buen título sería. Yo trabajé con Gadafi. Como siempre, me equivoqué al encararme con un hombre bueno. Le he vuelto a pedir perdón. Menuda mano. Sólo era un marinero tirando un piti por la borda. Y yo un imbécil que se ahoga en la acera.

  • vaho

    diciembre 29th, 2024

    He dejado que la bañera se llene de agua. El vaho ahúma los cristales. Me digo que me falta algo en el sistema. Lo sé perfectamente, pero hago una elipsis mental en torno a ello. Lo escribo en el espejo y me meto en la bañera. Cojo un libro pero me quedo dormido tras las primeras páginas. No es culpa del libro, empezaba bien, soy yo a quien le falta ritmo. Demasiada inercia estos días, supongo. He soñado que me ahogaba en la bañera. Se me ha escurrido el libro y ahora las hojas están acartonadas. Lo he intentado secar. Con la toalla, con el radiador, con un secador de pelo. Pero no ha habido forma. Supongo que estaba tratando de salvar algo porque sigo sin tener claro cómo salvarme a mí mismo. Me he dado por vencido. Me he quedado mirándome en el espejo, sin saber muy bien qué hacer con el reflejo. El vaho ha desaparecido. Pero el cerco de la palabra que había escrito sigue ahí.

  • desconchados

    diciembre 26th, 2024

    Es en Navidad cuando aparecen los desconchados. Gente rara, nunca vista, de miradas perdidas y apacibles, que sonríen a la soledad de cualquier otra mirada. El loco se ha acercado a la orilla con una bolsa de plástico, ondeando, pero no demasiado, porque el fondo pesaba, repleto de migas de pan, trituradas en polvillo, casi. Y tras él, un enjambre, un ejército también loco, de gaviotas graznantes, no asesinas, quizá, pero sí muy hambrientas, han empezado a caer en barrena sobre él, como drones sin batería, que se desploman sobre el mar. Es en Navidad cuando los locos toman el control, como si alguien hubiera abierto las mazmorras de un inframundo, que late en el suelo, bajo los pies de quién nunca mira hacia abajo.

  • sal

    diciembre 19th, 2024

    No vivas en ciudades pequeñas, zurcidas, remendadas. Ciudades en las que todos los ojos son el mismo. En las que todas las calles desembocan en el mismo bar. Y ese bar, en la misma cama. No vivas en ciudades tan endogámicas que tiembles al contar el número de cromosomas del próximo polvo. No vivas donde ya lo has visto todo, porque la ausencia de sorpresa es el principio de la muerte. No vivas en un sitio en el que todas las frases dicen lo mismo, y el discurso se repite como un eco que se cuela en los huesos. No vivas en un sitio en el que el amor es una pasarela de pago para la próxima historia, ante la que tendrás que apartar la mirada. Sal y muere en cualquier otra parte. Pero no aquí.

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