Dejaré las migas sobre la mesa de la terraza. Vendrán las gaviotas y las palomas. Unas se comerán a otras. Será una delicada cadena trófica. Salvaje, quizá. Y la mesa quedará salpicada de sangre. Pero no de migas. La gaviota despedazará a la paloma. Justo después de que ésta haya acabado con las migas. En una trampa del Mediterráneo. Todo consume tiempo. Especialmente la vida. Y la espera de la muerte. Veo a la paloma morir, al otro lado del cristal. Pero en realidad, me estoy viendo reflejado a mí. Morir, a este lado del cristal, porque empieza anochecer, y la luz me devuelve mi cara de espanto. Mañana sobre el mantel no quedará nada. No sé si llegaré a recogerlo.