Mil palabras al día y lo tienes listo en dos meses. Tómatelo como un entreno. Como una rutina de dolor. Después ya lo pulirás, como haces siempre. Empieza y algo se te ocurrirá. Aparecerá durante el camino. Ya lo sabes, joder. Puedes incluso utilizar palabrotas si eso te da la sensación de que le da fuerza a la narración aunque sea un recurso cutre y pretencioso que apeste a bar mal ventilado. Si empiezas hoy en septiembre lo tienes listo. Tienes el esqueleto de la historia y las cicatrices de todo lo que ocurrió. Aunque sería mejor que utilizaras frases que no suenen a publicista de mierda. Nada que se le pueda ocurrir al imbécil de tu vecino del Tesla. Algo tan descarnado como todo lo que ocurrió y que no te atreviste a explicarle a nadie. Ni a la gente más cercana, que lo debía sospechar, pero en una versión tan extremadamente light como el puto queso de mierda que compra la gente que intenta adelgazar. Escribe sobre todo lo que no te atreviste a denunciar para salvarle el culo a la gente que podría haberse visto envuelta. Dale forma de novela, que nadie sepa si en realidad es ficción o no, pero que en el fondo lo sospechen, como siempre. Y un día se te acerquen y te digan. ¿En serio sucedió todo eso? Y cuando los mires, no puedas más que arquear las cejas, apretar los labios, y no decir. Nada.  


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