No necesitaba un sueño vívido sobre eso, pienso, mientras veo las últimas gotas de café escaparse de la boca de la cafetera. En el sueño tu boca era la misma pero la voz ya no. Ni siquiera el discurso. Sonaba dulce pero artificial. He cogido la taza de café y la he envuelto con las manos. Me ha entrado frío al recordar el sueño. Eras tú convertida en otra persona. Supongo que ese es el salto entre la realidad y el recuerdo. Hay un millón de historias encerradas en cada cerebro, que sólo existen en esas jaulitas de irrealidad. Estoy empezando a olvidar cómo tomabas el café. Pero no he olvidado el peso de tu cuerpo. No sé qué frase necesito para hablar de esto, pero al final se trata de. Saber con quién dormirías hasta en la calle. Aunque te despiertes solo en la cama.


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