Quiero un día sin notificaciones. Pudriéndome al sol. Sin salvarle la vida a nadie. Crujiéndome a cervezas, en esta playa privada, en la que aún no sé cómo he acabado. Sólo. Sin permiso, pero sin objeciones. Quién soy yo para decirle que no a la vida. Mirando cómo la espuma de las olas se rompe como las burbujas de la cerveza.

De pequeño tenía miedo de que me tragaran las arenas movedizas. Lo veía en las películas. Lo leía en los cuentos. Parecía una amenaza real. Algo horriblemente cercano. Ahora, sentado en esta playa, sólo sueño con que anochezca, y que me engulla la arena mientras duermo. Poco a poco. Mientras sube la marea.


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