He comprado geranios. No pensaba que fuera a volver a hacerlo nunca. Los he transplantado y les he sonreído. He comprado también albahaca. Para el pesto, y para la pizza, he pensado. He cerrado los ojos en italiano, y creo que necesitaría también una viña.
Las margaritas están sobreviviendo más de lo habitual. Los pétalos resisten con entereza los bocados del calor. Llevan un par de semanas gloriosas bajo el aire acondicionado. Algo así imagino para el futuro, cada vez más apocalíptico pero menos futuro. Sólo unos pocos privilegiados sobrevivirán al calor extremo. Gracias a un mecanismo de refrigeración que nadie podrá permitirse. Nos iremos marchitando al otro lado de un cristal frío.
Me huelen las manos a tierra húmeda. Algún día seré incapaz de recordar este olor.