Sé que es verano porque en el cajón no quedan tenedores ni cucharas.
Se me pegan los hibiscos a la planta de los pies. La acera está pegajosa. Camino descalzo. Tengo frío en las plantas. Sobre las baldosas que arden.
Las meadas de los perros, aceite de oliva al sol, se pierden en las alcantarillas de hierro forjado. El rastro brilla como un mal secreto.
En realidad no es verano. Pero ya solo quedan dos estaciones. La alegría y el frío.