Ha sido un día tristemente feliz. Me has llamado para explicarme que ayer nació tu hija. He respondido con una frase simpática y ocurrente que sólo tenía preparada desde tu quinto mes de embarazo, porque suponía que esta llamada acabaría llegando. Aunque uno nunca esté preparado para ciertas cosas. Cuando hemos colgado, tú habrás seguido mirando a tu hija, y quizá a tu marido. Y yo habré cerrado por fin el cajón en el que guardaba tu última foto.

En realidad no me has llamado, claro, porque ninguno de los dos está preparado para escuchar la voz del otro. Pero a la literatura no le gusta pensar que la noticia ha llegado en esa paloma mensajera de whatsapp.

En mi cabeza, la sonrisa de tu hija es tan dulce como la tuya.


Deja un comentario