He comprado una cafetera azul mercurio. La he comprado porque es bonita. O eso me he dicho, mientras la miraba. No era cara. Pero he dejado el resto de las cosas que llevaba en las manos y la he cogido. Es una cafetera preciosa, pensaba, mientras la giraba para ver cómo reaccionaba el azul ante la luz. Es una cafetera italiana. Yo, que ya no tengo paciencia para las cosas lentas. Que necesito el primer sorbo de café rápido, inmediato, en te menos uno. Pero que después puedo pasarme una hora mirando el azul de una cafetera. Por placer, por estética, sin ningún tipo de prisa contemplativa. En realidad sé que he comprado una cafetera italiana porque tú eres la última persona con la que bebía café así. Escuchábamos los borbotones. Y dejábamos que la mañana destruyera el tiempo. No ha sido porque es azul mercurio. Sólo ha sido nostalgia. Creo.


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