He trabajado con Gadafi. Eso es lo que me ha dicho. Después me ha explicado que había sido marino mercante durante 13 años. Ya sabes, todos los mares, todas las vidas. El otro día nos cabreamos. Él me tiró un cigarro encendido desde el balcón. Y yo le pegué un par de voces. Hoy, nos hemos cruzado en la calle. Y me ha pedido perdón en un encantador acento gallego. Le he dado la mano, le digo que quien le debe una disculpa soy yo. Y noto cómo tiene la mano fuerte y dura como el casco de un buque. Y los ojos listos de quien ha visto todo el mundo. Y hemos hablado de Nueva Orleans. De la calle Bourbon. De que una acera eran clubes de jazz. Y la otra, locales de striptease. La merca la controlaban colombianos y puertorriqueños. En Libia no he tenido nunca ningún problema. Pero ya sabes, como aquí no se vive en ningún sitio. Le he dicho que debería escribir sobre su vida en el mar. Y que un buen título sería. Yo trabajé con Gadafi. Como siempre, me equivoqué al encararme con un hombre bueno. Le he vuelto a pedir perdón. Menuda mano. Sólo era un marinero tirando un piti por la borda. Y yo un imbécil que se ahoga en la acera.


Deja un comentario