Bajé a la librería a por un libro de Cristina Peri Rossi. Es una vergüenza, pero a día de hoy, aún no había leído nada que ella hubiera escrito. Escogí la nave de los locos. Me gustó la primera frase. En el sueño, recibía una orden. Siempre escogía así los libros. Hice cola para pagar. Había muchos niños con material escolar. En la calle llovía. No tenía prisa. Desvié la mirada de los niños y en una estantería vi postales de cumpleaños. Había una preciosa. Happy birthday. La tipografía era bonita. Y los colores, agresivamente, delicados. La cogí. 4,45€. Siempre tengo buen ojo con lo caro. Pagué. La metí en el libro como un marcapáginas. Y pensé que, en realidad, debería celebrar mi cumpleaños. Aunque no lo fuera. Pero acababa de comprar una postal preciosa. Me acerqué a la bodega y compré vino. Y una pequeña tarta en la panadería. Llegué a casa y me escribí algo bonito en la postal. Descorché el vino. Y pinché un par de cerillas en la tarta. Empecé a leer el libro. Y justo antes de encender las cerillas, recordé que antes celebraba el 2 de noviembre. Sin ser mi cumpleaños. Se me comió la pena. Y no pude probar la tarta.


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