Se ha levantado aire. Creo que no he cerrado las ventanas antes de dormirme esta noche. Escucho el pitido de la nevera. Se ha debido quedar abierta. Son dos tonos rápidos y uno largo. Imagino que es morse. Lo escucho a lo lejos, sin saber muy bien si forma parte del sueño, o si en realidad estoy despierto. Siento frío en los pies, así que supongo que estoy consciente. Me concentro en la secuencia de pitidos. Imagino que sé morse, aunque en realidad no sé, así que supongo que estoy dormido. Dos tonos rápidos y uno largo. Me concentro y memorizo los tonos y, poco a poco, empiezo a desencriptar el mensaje. Dibujando las letras en el techo de la habitación. Se iluminan, sin ganas, en la oscuridad. Como las estrellas fluorescentes que mira un niño y se apagan conforme se hace mayor. Me digo que la nevera no me está hablando. Pero, poco a poco, el mensaje cobra sentido. Al despertarme he subido a la cocina. La nevera estaba abierta. He sonreído. Pero no te he escrito.