Hay una pestaña en el fondo del vaso. La miro, como a una raya en un acuario. Flota con desgana. Sin intención de superficie. Pendula como quien deja pasar los días. Agito el vaso, pienso que necesita entropía. Veo el pequeño remolino de agua por el que se escurre la pestaña. Cuando el torbellino se calma, la pestaña vuelve a su posición de reposo. Flota como un niño que se hace el muerto en un mar tranquilo. Las burbujitas de la superficie explotan mudas. Casi puedes oír el silencio del agua. Todo está en calma. Me he arrancado otra pestaña y la he dejado caer en el vaso. Juego a ser dios en un universo controlado. O eso creía. Las pestañas se han enredado en una espiral acelerada. El vaso se ha precipitado desde el borde de la mesa. Las pestañas me miran desde el suelo.


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