Soy la persona más infeliz de la piscina de la urbanización de lujo. Es el pensamiento recurrente, año tras año, cuando me siento en el bordillo y veo sus vidas a través de las gafas de sol. La decadencia deseada que nunca fui capaz de conseguir. Niños que chapotean. Una pareja con la que envejecer. Una panza relajada. Siento por ellos la misma envidia que ellos sienten por mí. Al final nadie quiere su vida. Ni su aspecto. Ni su reflejo en los demás. Sacrificaría toda mi libertad por la media vida que me queda de aburrimiento y jaula. Cambiaría cualquier exceso por el abrazo de un hijo. El problema de la vida es que todo el mundo está en la piscina equivocada. Pero no te das cuenta hasta que has tragado demasiado cloro.


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