Se ha caído otro avión en Nepal. Se dirigía a Pokhara. He pensado en ti, claro, en nosotros quizá. Pero he conseguido no llamarte, ni escribirte. Nosotros también somos víctimas de un accidente aéreo y hemos muerto para el otro. Nadie supo por qué se cortó la comunicación, ni dónde está la caja negra, ni siquiera el resto de nuestros cuerpos. Fallecieron, dijimos. Y esa fue la forma de hacerlo público y de no volver a cruzar una mirada. Ni siquiera a buscar nuestros cuerpos entre las cordilleras de un mapa. Recuerdo la última vez que no pude ir a Pokhara. Tú no lo entendías pero te aguantabas la risa. Había siempre cierta indulgencia con mis estupideces. Tenía la bolsa hecha pero fui incapaz de subirme a ese avión. Te reíste mientras fumabas sobre las banderitas de oración. Tus uñas eran tenazas contra mi vida. Pienso en los muertos y pienso en nosotros. El piloto es el único superviviente.