Puedo seguir chupando las patillas de las gafas de sol mientras asiento, muy atento, a tu conversación. Pensando que tus argumentos son planos y carecen de brillo, como esta patilla cada vez más mate y seca, probablemente por la grasa, el tiempo, y el mar, pero exquisitamente adictiva con el sabor del limpiacristales con el que he intentado limpiarlas, precipitadamente, poco antes de salir de casa, y que ahora no puedo dejar de chupar, porque ese toque cítrico me recuerda a un taco mexicano mezclado con bourbon, así que sigo moviendo la cabeza, fingiendo que escucho frases llenas de palabras que no oigo, en una conversación que no nos lleva a ningún sitio, salvo al centro de mis papilas gustativas. Hasta que dices. ¿Qué te parece? Y lo único que consigo decir es. El cristasol está buenísimo.