fragile hotel

En realidad, era una premonición, supongo, de lo frágil que es todo. Como una ramita en las manos de un niño con apenas prensilidad, que sin saber cómo aumenta la presión y parte la rama. Y ante la incomprensión de lo que ha sucedido, se mete media ramita en la boca y la chupa, como si eso pudiera recomponer las cosas, o disimularlas. Como el silencio en las habitaciones de un precioso hotelito de paredes blancas, completamente vacío, interrumpido violentamente por una tromba de agua de un cuarto de día. Un caudal de agua que podría inundar la isla y desbordar la bañera, en un parpadeo, que seguramente es la unidad de tiempo en la que se miden las cosas, o las desgracias, a posteriori. El aguacero en el desfiladero, los pies resbaladizos, la voz desorientada del GPS. En cuanto el avión despega, la tromba de agua se acelera, enterrando nuestros cadáveres bajo la tierra en la que pensábamos envejecer. En el hilo musical de clase turista suena Fragile Tension de Depeche Mode. All we will seem to reek on the edge of collapse. Nothing can keep us down.


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