pink freud

Dice que todas las partes de la realidad que reprime el subconsciente acaban apareciendo en los sueños. Y le he dicho que no creo demasiado en Freud, aunque tengo una camiseta muy divertida con su cara. Una camiseta que no le gusta ni a mis amigos filósofos, ni a los psicólogos, ni a los amantes de Pink Floyd. Le explico, claro, que el sueño era terriblemente vívido. El color de la chaqueta de la mujer que me llama. Incluso las bolitas de lana despeluchada. Es una chaqueta que le regalé yo, pienso. Aunque ha envejecido casi tan mal como la mujer. Sus labios, ajados, al hablarme lentamente. Vocalizando mucho, como si no quisiera acabar de pronunciar la terrible noticia. Como si estuviera construyendo un puente de palabras que sabe que se va a derrumbar antes de llegar al final de la frase. Pero lo cierto es que el que se ha derrumbado he sido yo. En el sueño me he caído al suelo, al escuchar la noticia, y el móvil ha salido disparado. He tenido un flashback en blanco y negro, como en las malas películas, y he recordado todas las veces que preveía que esto ocurriría. He tardado en recuperarme del golpe en la cabeza y volver a la llamada. La mujer ha empezado a llorar y dice que no se explica cómo ha podido suceder. Yo he guardado silencio. Tenía una toalla mojada en la garganta.


Deja un comentario