(ante todo) mucha calma

Me han salido tan mal las cosas en el amor que pienso ser feliz en cuanto me reencarne. Rezo eso, con los ojos cerrados, mientras alguien a quien no conozco me besa en la comisura de los labios. Aún tengo el cigarro en la boca. Noto la saliva seca. Llevaba años sin fumar. Y, creo que, vidas sin que alguien me besase. Todas las conversaciones me parecen ajenas. Como un idioma que no entiendo. Asiento. Sonrío. Pero no proceso. Mis ojos están a un millón de kilómetros de cualquier mirada. Mis terminaciones nerviosas no responden a las caricias. He intentado entrar descalzo en un tugurio. No me han dejado. En la cola, una chica de falda larga se ha ofrecido a dejarme sus sandalias de brillantes. Póntelas tú, ha dicho. Mi falda llega hasta el suelo y no se darán cuenta de que entro descalza. La falda es negra y he pensado que en realidad es una capa. He bailado hasta clavarme algún cristal. La sangre ha cubierto los brillantes de las sandalias. A la chica no ha parecido importarle. La planta de sus pies estaba igual. He notado el frío en la nariz y en el hipotálamo. Después un puñetazo y algo más de sangre. Estoy intentando llegar a la calma a través de mucha violencia. Sigo caminando por la barandilla de mi cabeza. Esperando a que llueva. Para que cada vez esté más resbaladiza.


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