El supraespinoso está roto. Supongo que intenté aferrarme tanto a algo, que se acabó desgarrando. Cogido de un estribo. Esperando que no me dejasen caer por la borda. Mirando hacia arriba, como cuando albergas algún tipo de esperanza. El dolor imaginado siempre es superior al dolor real. No importa lo que digan las terminaciones nerviosas. Pienso ahora que el brazo ha cedido, que me he caído por la borda, y lo veo todo desde debajo, burbujitas arriba, del nivel del mar.
Miro las hebras del tendón desgajado. Imprimidas en papel fotográfico. Como la ecografía del niño que se ha escapado. Ya no nacerá el hijo que me mantenía agarrado a la cornisa del recuerdo.
Todo el mundo insiste en que es cuestión de tiempo. Pero no es lo mismo la mirada del espectador que los ojos del náufrago. Ni el ecógrafo en las manos del médico que el dolor en mitad del silencio.