Te enamoras una vez y el resto es attrezzo. Y eso lo sabe cualquiera que se haya enamorado o trabajado en las tramoyas de un teatro. Cualquiera que entienda de qué va la función. No importa si está a este lado del telón, o a este otro. O si saca la cabeza a cada lado de la trinchera. Porque al final eso es el amor, una guerra. Mal interpretada y peor ejecutada. Y eso lo sabe cualquiera que aplauda desde el patio de butacas. Cómo odio la expresión patio de butacas. Cualquiera que bosteza, o que se aburre viéndose a sí mismo, interpretado por alguien mejor que él, pero en el fondo, evidenciando las miserias de su relación. Mientras acaricia la mano de la persona con la que duerme que, también se está viendo reflejada, desde la butaca contigua, en la tragedia del escenario. El amor es la mentira más poderosa del mundo. Por eso sólo funciona una vez. Porque el truco es tan bueno que te pasas la vida pensando que no había truco.