referencias

Perdí a mi chica. Perdí a mi jefe. Perdí a un amigo por cáncer. Perdí a un compañero por suicidio. Perdí a Martin Amis que era el que mejor hablaba sobre la pérdida. Perdí ocho kilos. Perdí cien mil pavos. Perdí el servidor en el que llevaba veinte años escribiendo. Perdí, como cada cuatro años, la esperanza. Perdí la letra de las canciones que no podría volver a escuchar. Perdí un par de cuadros (de los bonitos). Perdí las ganas de seguir escribiendo. Que era lo mismo que decir que perdí las ganas de seguir viviendo. Perdí todas las referencias. Perdí la capacidad de hablar de la pérdida. Perdí los cuerpos a los que me abrazaba, que ahora eran almohadas desolladas sin alma.
Y, mientras escribía esto, escuché por la ventana, al otro lado de la calle. Dos voces preciosas. Cantando la versión de Grease en castellano. Eran un Travolta y una Olivia de veintipocos. Bailando en un salón mal iluminado. Al otro lado de la lluvia. Eran jóvenes. Les daba todo igual. Creían que siempre sería así. Y sin saber muy bien cómo. Recuperé la esperanza. Por un instante.


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